17 feb 2015

LOS LABRIEGOS



"Yo les veo aquí en Yecla morirse de tristeza al separarse de su viña, de su carro... Porque si hay algún amor hondo, intenso, es este amor a la tierra... al pedazo de tierra sobre el que se ha pasado toda la vida encorvado... de donde ha salido el dinero para la boda, para criar a los muchachos... y que al fín hay que abandonar... definitivamente, cuando se es viejo y no se sabe lo que hacer ni adónde ir... (Una pausa; Yuste saca la diminuta tabaquera). Por eso yo amo a Yecla, a este buen pueblo de labriegos... Los veo sufrir... Los veo amar, amar la tierra... Y son ingenuos y sencillos, como mujiks rusos... y tienen una Fe enorme... la Fe de los antiguos místicos... Yo me siento conmovido cuando los oigo cantar su rosario en las madrugadas... Algunos, viejos ya, encorvados, vienen los sábados a pie, de campos que distan seis u ocho leguas... Luego, cuando han cantado, retornan otra vez a pie a sus casas... Es la vieja España... legendaria, heroica..." (Azorín, La Voluntad).

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